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Rev. Fidel/Pastor

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While they were still speaking about this, he stood in their midst. The apparitions of Jesus after his resurrection only had one purpose: to convince His disciples of his Divinity, His resurrection. It was necessary, especially important, that the apostles make the experience of Christ alive and present. To be an apostle, this experience is necessary. Because an apostle is first and foremost a witness to the resurrection of Christ.

When seeing is not enough

          Jesus was there in their midst, but they believed they saw a ghost. They saw Him, they heard Him, but they couldn’t believe it. Jesus had to give them some additional signs to dispel their doubts. And these signals can also help us to discover Christ alive among us today.

First sign: peace.

Jesus said to them: “Peace be with you.” Peace is the great sign of the presence of God in man. It is the first fruit of all reconciliation. It is no wonder that this is the first sign of Jesus, being himself the reconciliation of man with God and of men with each other. Jesus invites us today to seek him by promoting peace. Peace with God and peace with others.

Second sign: His body.

Jesus said to them: “See me … touch me …”. Jesus should have allowed himself to be embraced by his apostles. Because the primary gesture of peace is the hug. Hugging someone is synonymous with being at peace with that person. The hug between those who have fought is very difficult, but it springs up spontaneously between those who have reconciled. Jesus invites us to embrace him in our brothers, even if they sometimes seem like enemies.

Third sign: His sores.

Jesus “showed them his hands and feet.” He wanted to assure them that it was the same one who was crucified. His resurrected body does not dispense with the sores. Because he wants us to also recognize him for his wounds. The sores are not beautiful. Rather, they are the indelible trace of suffering. Jesus invites us to recognize Him in the members of His Mystical Body who suffer: they are the living wounds of Christ in our time.

Fourth sign: His hunger.

Jesus asked them: “Do you have anything to eat here?” Jesus shows them his humanity through a basic need. Likewise, Jesus wants us to recognize him in the vital needs of our brothers and sisters: in the hungry, in the thirsty, in the naked, in the stranger.

Fifth sign: His Word

He said to them, “These are my words that I spoke to you while I was still with you, that everything written about me in the law of Moses and in the prophets and psalms must be fulfilled.”

To know Jesus, we have to approach the Scriptures, with a wide-open mind and heart. Saint Jerome said: “Ignorance of Scripture is ignorance of Christ.” Jesus invites us to rediscover him in reading the Bible; and especially, in the meditation of the Gospel.

From experience to testimony

It was necessary for the apostles to recognize Jesus alive, risen! Only in this way could they be witnesses to the resurrection! Only in this way could they have the courage, bravery, and fearlessness to preach his name to all nations! It is equally important that also today, we recognize him alive, very alive! To be witnesses of the most important and transcendent news in history: that of his resurrection … A festive and joyful witness, as the world needs today.

Pope emeritus, Benedict XVI said: “In a world of pain and suffering, of disbelief and hopelessness, joy is an important testimony.” For this, we also need to have an experience of Christ “in flesh and blood”. An experience that we can only do through contact with our brothers. They are Jesus’ flesh and blood who are with us. To the extent that we give them peace, we touch them, we embrace them, we feed them, to that extent we will make a living, convincing experience of the risen Jesus.

 

 

“Jesús se presentó en medio de ellos”. Las apariciones de Jesús, después de resucitado solo tuvieron un propósito:  Convencer a sus discípulos de su Divinidad y resurrección. Fue necesario e importantísimo que los apóstoles hicieran la experiencia de Cristo vivo y presente. Para ser apóstol, es necesaria esta experiencia. Porque un apóstol es, ante todo, es un testigo de la resurrección de Cristo.

Cuando ver no Basta

Jesús estaba ahí, en medio de ellos, pero ellos creían ver un fantasma. Lo veían, lo escuchaban, pero no podían creerlo “de pura alegría”. Jesús tuvo que darles algunos signos adicionales para disipar sus dudas. En concreto, cinco señales, que hoy también pueden ayudarnos a descubrir a Cristo vivo entre nosotros.

  1. Su Paz.

Jesús les dijo: “La paz sea con ustedes”. La paz es el gran signo de la presencia de Dios en el hombre. Es el primer fruto de toda reconciliación. Nada de extrañar que éste sea el primer signo de Jesús, siendo Él mismo la reconciliación del hombre con Dios y de los hombres entre sí. Jesús nos invita hoy a buscarlo promoviendo la paz. La paz con Dios y la paz con los demás.

  1. Su Cuerpo.

Jesús les dijo: “Véanme… tóquenme…”. Jesús debió dejarse abrazar por sus apóstoles. Porque el gesto primario de la paz es el abrazo. Abrazar a alguien es sinónimo de estar en paz con esa persona. Cuesta mucho el abrazo entre quienes se han peleado, pero brota espontáneo entre quienes se han reconciliado. Jesús nos invita a abrazarlo en nuestros hermanos, aunque a veces parezcan enemigos.

  1. Sus llagas.

Jesús “les mostró las manos y los pies”. Quería asegurarles que era el mismo que estuvo crucificado. Su cuerpo resucitado no prescinde de las llagas. Porque quiere que también lo reconozcamos por sus llagas. Las llagas no son bellas. Son, más bien, el rastro imborrable del sufrimiento. Jesús nos invita a reconocerlo en los miembros de su Cuerpo Místico que sufren: ellos son las llagas vivas de Cristo en nuestro tiempo.

  1. Su hambre.

Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo de comer?». Jesús les muestra su humanidad a través de una necesidad básica. Así también, Jesús quiere que lo reconozcamos en las necesidades vitales de nuestros hermanos: En el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el forastero.

  1. Su Palabra, la Sagrada Escritura.

Jesús “les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras”. Para conocer a Jesús, tenemos que acercarnos a las Escrituras, con la mente y el corazón bien abiertos. San Jerónimo decía: “El desconocimiento de la Escritura es desconocimiento de Cristo”. Jesús nos invita a reencontrarlo en la lectura de la Biblia; y especialmente, en la meditación del Evangelio.

De la experiencia al testimonio

Era necesario que los apóstoles reconocieran a Jesús vivo, resucitado. Sólo así podían ser testigos de la resurrección. Sólo así pudieron tener el coraje y la valentía para predicar su nombre a todas las naciones. Es igualmente importante que también hoy, nosotros lo reconozcamos vivo, para ser testigos de la noticia más importante y trascendente de la historia: la de su resurrección.

Testimonio festivo y alegre, como lo necesita el mundo de hoy. El Papa Benedicto XVI decía: “En un mundo de dolor y sufrimiento, de incredulidad y desesperanza, la alegría es un testimonio importante”. Para ello, necesitamos hacer también una experiencia de Cristo “de carne y hueso”. Experiencia que sólo podemos hacer a través del contacto con nuestros hermanos. Ellos son el Jesús de carne y hueso que está junto a nosotros. En la medida en que les demos la paz, los toquemos, los abracemos, los alimentemos, en esa medida haremos una experiencia viva, convincente de Jesús resucitado.

Fr. Fidel